Actualidad

Jornada de Bodegas abiertas en Ábalos

Sábado 7 de septiembre

Con la participación de las bodegas de El Corazón del Rioja Fernández Eguíluz y Ruiz del Portal

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Comer el vino

La capacidad del vino para aportar energía fácilmente disponible por el organismo humano, la dureza de las condiciones de vida, y las dificultades para proveerse de abrigo frente a las inclemencias del clima, son, entre otras, las razones que explican la importancia del vino como alimento. Así, aparece citada la dispensa de vino como pago en especie, junto con otros alimentos, cuando los campesinos han de realizar determinados trabajos para el monasterio o el señor feudal durante la Edad Media.

“El desayuno entre los griegos consistía en pan mojado en vino, o, si se prefiere, pan desmigajado y luego mojado en vino puro. Es, por otra parte, el único momento del día en que los griegos tomaban vino en estado puro, porque solían siempre cortar con agua el vino que debían durante y después de las comidas” 
(Un Festín de palabras. Jean-FranÇois Revel)

“En septiembre son muy buenas las peras con vino, en octubre es saludable el buen vino, en noviembre el vino melado, para evitar la impotencia es recomendable cocer los riñones de ciervo en vino, que sea muy bueno, del cual beberás cuando sea necesario, y verás maravillas. Para purgar la matriz, toma perejil o su zumo mezclado con vino,,, o toma la raíz de las violas con las hojas, cuécelas bien con cerveza o con vino” 
(Compendio de la Humana salud, Iohannes de Kethan. S XVI)

“Es un privilegio de aldea que el que tuviere viñas, goce muy a su contento dellas, lo cual paresce ser verdad en que toman muy gran recreación en verlas plantar, verlas binar, verlas descubrir, verlas cubrir, verlas vardar, verlas estercolar, verlas podar, verlas sarmentar , y sobre todo en verlas vendimiar. El que mora en el aldea toma también muy gran gusto en gozar la brasa de las cepas, en escalentarse a la llama de los manojos, en hacer una tinadas dellos, en comer de las uvas tempranas, en hacer arrope para casa, en colgar uvas para el invierno, en echar orujo a las palomas, en hacer una aguapié para los mozos, en guardar una tinaja aparte, en añejar alguna cuba de añejo, en presentar un cuero al amigo, en vender muy bien una cuba, en beber de su propia bodega, y sobre todo en no echar mano a la bolsa para enviar por vino a a la taberna. Los que miran fuera de del aldea no tienen manojos, que guardar , ni cepas que quemar, ni uvas que colgar, ni vino que beber, ni aún arrope para guardar. Y si algo desto quieren tener, a peso de oro lo ha de comprar”
(Fray Antonio de Guevara. 1480-1545. “Menosprecio de Corte y Alabanza de Aldea”)