II CATA DE VINOS "EL CORAZÓN DEL RIOJA" EN ALESÓN
Domingo 22 de julio, en la pista polideportiva, a partir de las 19:30
La cata coincidirá con una degustación de zapatillas de jamón.
Participan las siguientes bodegas:
Martín Alonso Etayo y Gloria Medina (Herce)
Abel Estebas y Óliver Villar Estebas (Cordovín)
Carmelo y Pilar Fernández Eguíluz (Ábalos)
Pruden, Luján y Esmeralda Larrea (Cordovín)
Vicente Marín Bajo (Uruñuela)
Pedro y Jaime Martínez Prado y Mariola Alesanco (Badarán)
Víctor y Jesús Moraza (San Vicente de la Sonsierra)
Ana y Raúl Nalda Suárez y Sonia Ceniceros (Alesón)
Rubén y Jorge Ruiz del Portal (Ábalos)
A pesar de que se han encontrado cepas de “vinifera” con anterioridad a la presencia romana en Hispania, y de que la introducción de la viña en Hispania se sitúa en época fenicia, hacia el 1100 A.C, la elaboración del vino en la Península Ibérica se debe a la cultura romana, y está relacionada con el establecimiento de cuerpos militares romanos en Hispania.
Durante el dominio romano y posteriormente, la viña pasa a formar parte de la denominada “tríada mediterránea”, compuesta por cereal, olivo y viña. En los tres casos, se trata de productos adaptados al clima mediterráneo y que, después de ser transformados, podían almacenarse y transportarse hasta largas distancias.
El cultivo de la viña y la elaboración de vino está presente en La Rioja desde época romana, tal como lo acreditan los restos cerámicos encontrados en yacimientos romanos en Tricio, Calahorra y Herramélluri, entre otros.
La geografía ha sido uno de los factores que explican y justifican la presencia de viña en La Rioja de manera tan significativa a lo largo de los últimos 2000 años. Los ciento veinte kilómetros. que distan entre el Este y el Oeste y los 40 km. de ancho que ocupan las orientaciones Norte/Sur, cuentan con una importante área de terrazas (“glacis”) que se disponen de manera paralela al Ebro y cuya altitud se sitúa prioritariamente entre los 400 y los 600 m. Estos suelos profundos, resultado de la acumulación de materiales de carácter fluvial, y por ello, muy fáciles de drenar, son idóneos para la viña, por lo que las condiciones naturales de terreno y clima, además de la cultura, explican la importancia de la viña en La Rioja.
“La viña de emparado sencillo se planta en filas derechas y lo llaman “canterio”. Esta vid es mejor para el vino, porque no se da sombra a sí misma y constantemente recibe el calor del sol y se airea mejor; se le seca más de prisa el rocío, facilita la despampanadura y el desterronamiento y todas las demás labores, y, sobre todo, florece más convenientemente. El travesaño del emparrado se hace con un varal o con una caña o también con una soga de crines o de juncos, como en Hispania” Plinio. “Historia Natural”